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04 diciembre 2011

EN OCASIONES, VEO OVEJAS


No hay cosa más tonta que sentirse listo. Es una ley con precisión matemática: cuanto más listo se cree el que te habla, más gilipollas. Y esto no se ha descubierto ayer, en los felices diez ya lo sabíamos. Y ante la estupidez más profunda, mi mente había desarrollado un extraño mecanismo de defensa; en ocasiones, veía ovejas.

Aquella tarde, por ejemplo, un par de individuos trataban de convencerme de no sé qué cosa. Imagino que se trataba de lo mismo de siempre… “dame la razón porque tengo razón”… “fulanito es peor que yo, porque yo soy mucho mejor”… “las cosas son así porque así han sido siempre y así deben quedar”… “si todo el mundo hiciese lo mismo que yo hago, otro gallo cantaría”. Realmente hace falta creerse listo para tratar de convencer a otro de que uno es poseedor de la verdad. Era perfectamente consciente de lo que estábamos hablando aquella tarde, de una sarta de estupideces.

Estaba sentado en la barra de un bar, sentado delante de dos ovejas, una oveja gorda y otra borracha y yo entré y salí pensando exactamente lo mismo de aquel lugar, que excluir a alguien que solo quiere hacer contigo lo mismo que tú haces, es de necios, que tratar de convencer a alguien, que si puede sujetarse y a quien no se le cae la baba al hablar, de que es torpe suele resultar en una escena bastante patética. Así que fulanito y fulanita aguantaron estoicamente aquellas revelaciones bovinas, terminaron su cerveza y regresaron a casa, muy contentos de saberse más fulanos y menos listos que sus bovinos contertulios.

06 junio 2010

REUNION DE PEÑAS


Corrían Los Felices Años 10 y el Ayuntamiento citaba a los peñistas para una reunión el siguiente fin de semana. El cartel, situado en el tablón de anuncios del bar, el mejor sitio para ser visto y leído por todo el mundo, citaba pero sin decir ni hora ni lugar. Del tema a tratar no ponía nada, sin embargo otro peñista nos adelantó que posiblemente se debiese a que el viernes por la tarde de las fiestas no traerían por tercer año consecutivo al adiestrador de perros. En su lugar se iba a proponer que las peñas organizasen algo, aunque no sabíamos si era cada peña la que preparaba algo o era una organización en su conjunto. Además tampoco teníamos conocimiento de si, en el caso de organizar algo, nos iban a dar una pequeña ayuda económica o no para la realización de ese algo.

Corrían Los Felices Años 10 y ninguno queríamos ir a esa reunión, aunque también es cierto que la mayoría no podía asistir al acto. Aunque nuestra opinión de la propuesta era algo de lo que sí estábamos de acuerdo la mayoría: negativa a organizar nosotros algo y sí a los perros. Pero claro, esta opinión sólo reflejaba una peña y en teoría tenían que tomar la decisión la totalidad de las peñas... Pero nuestra idea era clara por varios motivos:
1) No queríamos pringar organizando algo de lo que seguramente traería más problemas y dolores de cabeza que el no hacer nada (pensarlo, plantearlo, decidirlo, ponerlo en marcha, supervisar la actividad y recogerlo).
2) Llevábamos más de medio año esperando usar el ahuyentador de perros, que para algo lo teníamos y el mejor lugar era esa concentración de canes que todos los años hacían lo mismo, aunque cada año conservábamos la esperanza que el animal fallase y le obsequiase algún mordisco al entrenador (sí, los instintos humanos son perversos y crueles)
3) Estando los perros, si te apetecía ir a verlos ibas, sino con pasar del tema estaba solucionado.

Pero como digo, a falta de 6 días para la reunión no teníamos planeado ir, así que nuestro voto quedaría silenciado por la eternidad, porque no creo que los mandatarios leyesen el blog y si lo hacían dudo mucho que lo tuviesen en cuenta... Total, no sería la primera vez que nos la jugarían, ya que el año anterior, el último de la década sin nombre, nos apuntamos al Primer Torneo de Bolos Castellanos y no nos valieron ni avisar de que tarde se celebraría el juego y casualmente la decisión de la fecha fue determinada por una minoría (no por la mayoría como es lógico).

Así que en los Felices Años 10 pasábamos de las órdenes de mandatarios y celebrábamos la fiesta como más nos gustaba hacerlo, pasando de todo y de todos... Así que en esos años tan sólo dejábamos muestra de nuestra opinión con un sencillo "qué les den".