22 marzo 2014

¡TANTA FELICIDAD QUE NO ME CABE EN EL PECHO!

Los felices diez estaban resultando una época tan feliz que durante más de un año no habíamos sido capaces de elegir un momento feliz entre tanta felicidad para seguir con nuestro feliz relato de la década. Más de un año perplejos ante una pantalla en blanco. Más de un año viendo parpadear el cursor a la espera de la siguiente palabra. Más de un año sin palabras, añadiría.

Pero había llegado el momento. Aquella mañana desbordados por tanta alegría, miles de personas marchaban hacia la capital para mostrarle al mundo con la mejor de sus sonrisas que eran tan, tan felices que no podían aguantar ni un minuto más sin gritar al cielo y a los que manejan el cotarro, “¡Mira tío, qué feliz soy! ¡Tanta felicidad que no me cabe en el pecho!”.
Que importará no tener dinero ni forma de conseguirlo si el dinero no lo es todo.
Qué más da no encender la calefacción si lo importante, ya se sabe, es el calor humano y ese, de momento, mi compañía eléctrica no ha encontrado la manera de cortarlo.
Para queremos medicinas si la vida son dos días.
Para qué libros que leer si la mejor escuela dicen que es la calle.
Para qué ropa nueva y comida cuando hay tanto que se tira. (De esto habla por la tele un tipo bastante gordo, creo que es Ministro, así que debe ser cierto).

Todo esto y mucho más, toda esta euforia era la que una cadena inmensa de gente, procedente de aquí y de allá, de todas partes, venía a compartir con todo aquel que quisiese escuchar aquella mañana. Todo esto o tal vez no. Tal vez otra cosa. Pero eso, al fin y al cabo, qué más daba. Qué importancia tenía si habíamos encontrado al fin la forma de plasmar sin muchas más pretensiones aquello que rondaba nuestra cabeza desde hacía más de un año. En dos palabras,
¡Vaya tela!

04 julio 2012

VOY A DAR UNA CENA

Corrían los Felices Años Diez y había quienes creían que dando una cena iban a ser los reyes del mambo, la gente más importante del lugar y que su cena sería recordada por los siglos de los siglos. Bueno, quizás no fuesen esas sus pretensiones reales, pero seguramente estuviesen más cerca de esto que de una cenita aburrida, otra cenita más, simplemente una cenita... Porque, si te pones a dar una cena al menos habrá que esmerarse.

Corrían los Felices Años Diez y había quienes confundían ser el más guay con ser selectivo e invitar a las cenas sólo a gente selecta, bien miradas las invitaciones, no fuese que se les fuese a colar algún indeseado que le echasen a perder todos sus minuciosos preparativos. Así, la gente selecta se sentirían especial de ser invitados y los otros simplemente unos pringados por no estar invitados, pensando el por qué de esa exclusión y que podrían hacer para acudir al siguiente evento digno de dioses, o cuasidioses, mientras se lamentaban de ello.

Corrían los Felices Años Diez y los cánticos populares seguían siendo sabios. Uno de ellos, que aunque no era de esa época aún se seguía escuchando, versaba así:

Llegamos a fiesta,
sin estar invitados.
Llegamos a la fiesta,
todos muy maqueados.

Nos comimos tu comida,
nos bebimos su bebida.
Metimos manos a las chicas.

Llegamos a fiesta,
sin estar invitados.
Llegamos a la fiesta,
todos muy bien peinados.

Y nos emborrachamos,
todos nos colocamos.
Metimos mano a las chicas.

Voy a dar una fiesta,
y no os voy a invitar.
Pero quiero que vengáis,
y que entréis por la cara.

Que os comáis mi comida,
que os bebáis mi bebida.
Y metáis mano a las chicas.

Voy a dar una fiesta.
Voy a dar una fiesta.
Pero no estás invitado.

Corrían los Felices Años Diez y quizás las canciones no dijesen toda la verdad y el saber popular y ancestral de los cánticos no se cumpliese en todas las ocasiones, pues aunque se celebrase la cena no nos queríamos colar, no nos apetecía ir, nos considerábamos afortunados de estar haciendo cualquier cosa, e incluso nada, a estar allí. Aún si fuese una cena como la de la imagen seguramente nos hubiésemos planteado el colarnos, pero no lo era...

Corrían los Felices Años Diez y, como todas las épocas de la historia, también tenían su parte oscura.

01 abril 2012

QUIERO SER COMO TÚ


Hubo un tiempo en que, como casi todo el mundo alguna vez, teníamos mascota. Se llamaba Como tú. No es que tuviese tu mismo nombre, es que se llamaba COMO TÚ y era cochinilla. No es que fuese un poco guarra, es que era una cochinilla de la humedad.

Los perros son fieles; ladran y muerden, a veces a quien deben morder y otras no tanto. Los gatos son zalameros, hacen compañía y se te suben encima en cuanto pueden, llenándote de pelos. Como tú no era así. La verdad es que como mascota, a primera vista, no era un gran qué. Su principal virtud residía en que, pese a su nombre, era un bicho bastante limpio y un fantástico observador. Porque aunque no supiésemos mucho acerca de su forma de pensar, en cuanto bicho, tenía sus propios medios para percibir las cosas y algo le parecería todo aquello que sucedía a su alrededor. Tendría su manera cochinil de entender el mundo.

Para ser sincero, Como tú no estuvo mucho tiempo entre nosotros. En realidad, una sola noche. Pero, ¡qué noche! Una de esas de las de no soltar el vaso y partirte el pecho de la risa. Una de esas de reírte y no parar de reir, sin saber de un modo muy preciso de qué cojones te estás riendo.  Otros tiempos en los que éramos mucho más de risa fácil y era también algo más simple encontrarle la gracia a las cosas. En ese breve lapso de tiempo, Como tú conoció a unos cuantos, admirada por unos y mirada con cierto estupor y repugnancia por otros; un poco como es la vida. Bailó como loca y hasta de atrevió con una Harley. Una sola noche pero, ¡qué noche!

Como todo casi todo lo bueno, aquello no duró eternamente y antes de que empezará a amanecer, Como tú salió de nuestras vidas para no regresar nunca.

En aquella tarde de los felices diez, una tarde de tantas, de esas de estar fumando uno detrás de otro mientras miras por la ventana sin fijar tu atención en ningún aspecto concreto, una de esas de darle vueltas a todo sin llegar a ninguna conclusión razonable que te deje tranquilo, me dio por preguntarme qué pensaría Como tú de todo esto. Porque a veces, demasiada información y demasiados datos definitivamente no ayudan y todas las cosas que te cuentan o te han contado no hacen más que llevarte a engaño y generarte confusión. Quiero decir: lo que te viene bien, bueno es y lo que te viene mal, por mucha moto que te quieran vender acerca de que es la solución para todas las cosas, pues igual te va a joder y mejor estar atento y negarse tajantemente. Lo bueno, a intentar que siga y de lo malo, mejor ni hablamos. Mucho mejor quedarse con una visión cochinil de las cosas, que saber mucho gracias a los rollos que te intentan meter en la sesera y acabar jodido.

Y si una cochinilla era capaz de enseñarte todo eso sin decir esta boca es mía, ¿para qué cojones hacía falta Presidente del Gobierno?

25 marzo 2012

ERASE UN HOMBRE A UNA BANQUETA PEGADA

Una vez leí que dios protegía a los borrachos. Esa frase se me quedó y con el tiempo he ido descubriendo que es una de las verdades más grandes del mundo, una de esas cosas que, aunque jamás se comprobarán científicamente ni teológicamente, no dejará de ser una realidad. Por supuesto, en los felices años diez esto seguía siendo una realidad. Daba igual llamarlo dios, ángel de la guarda, fantasmas, suerte o cualquier otra denominación parecida y/o similar, pero lo cierto era que algo protegía a los borrachos.
Y esa tarde no iba a ser menos que otras veces, y aunque al día siguiente fuese festivo en algunas comunidades autónomas, el ser o presencia o dios que protegía a los borrachos, estaba alerta y no iba a dejarse llevar por la ociosidad de la víspera de festivo para muchos.

Nuestro hombre en cuestión apareció en el bar, que al final es donde van todos los borrachos, y tras sus modorreras de costumbre, que a nadie le interesan, y tras sus intentos de conseguir algo totalmente inalcanzable para él, su cuerpo solamente le pedía una cosa: descanso. Así que optó por retirarse a una parte aislada de la barra donde nadie le molestase y acomodándose en una de las banquetas para llevar a cabo el ritual del reposo del guerrero, sus ojos se fueron cerrando a la par que el hielo de su copa se iba derritiendo. Y en el fondo todo esto era una suerte, porque tanto él no incrementaría el alcohol ingerido, su cuerpo descansaría, o más o menos, y el resto de los allí presentes no tendrían que aguantar sus modorreras incomprensibles con la lengua de medio trapo que ya traía.

Y de pronto empezó el vaivén. Sin que nadie se lo esperase, su cuerpo empezaba a bascular para atrás y cuando la tragedia ya era más que evidente sucedía el milagro en forma de cabezada que, incomprensiblemente, devolvía al individuo a su posición de sentado, todo ello sin que se despertara. Y este milagro no se produjo una sola vez, sino que fueron varias y en todas recobraba su equilibrio...

La moraleja de todo esto seguía siendo que dios seguía protegiendo a los borrachos, aunque no todos se mereciesen dicha protección, principalmente por cansinos. Así, nuestro individuo, no acabó con los riñones en el suelo, pese que algunos acabasen con un inmenso dolor de cabeza, consecuencia de sus desvaríos y mojarreos.

Y como eran los felices años diez, todos los allí presentes eran conscientes de que escenas similares se iban a repetir, que esta no era la primera ni sería la última vez que se presenciasen. Y por supuesto, dios estaría allí, velando por los borrachos.

11 marzo 2012

SOLO NOS FALTABAN DOLORES

Cada cual, quien más y quien menos, tiene sus historias
mentales: si lo hago bien o mal, si me quiere o no me quiere, si puedo o no.
Con eso y con poco más uno es más que autosuficiente a la hora de amargarse el
día. Pero cuando eso no basta, siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano.
Habíamos comenzado la década con el firme propósito que
aquellos fuesen tiempos felices, pero, sin saber cómo ni cuándo había empezado
a torcerse el asunto, un ánimo gris se había ido instalando en el aire.
Todo lo
que parecía tan fácil una Nochevieja con una copa en la mano, parecía ahora
esfumarse. Y andaba yo conduciendo y pensando (todavía a nadie se le había
ocurrido la brillante idea de prohibir pensar mientras conduces) en cómo
habíamos dado caído en esa atmósfera enrarecida y turbia, y en cómo diablos se
salía de ella, cuando caí en la cuenta. ¡Dolores!
Cada domingo de vuelta a la Gran Ciudad, con la mente
ocupada en esta y otras cosas, la voz de Dolores que transportaba a través de
las ondas en tono mesiánico su dolorosa solución para aquella también grande
nación.
Que si habíamos llegado a tan penosa situación por la excesiva alegría
de otros
, que si, ya se sabe, la herida con sal jode, pero cura. Bajo una
apariencia de señora muy fina y muy seria, vamos, una señora, señora de las de
toda la vida, Dolores te soltaba unas premoniciones tan negras que llegabas a
casa con una mala digestión.
Aquel día Dolores la había tomado con los protestones. No andaban
los tiempos para quejarse. Si te pagan menos, ajo y agua. Si te ponen al filo
del precipicio y te dan para ver si saltas, sacrificio necesario. Que te cortaban
la luz y el agua, culpa de otros y a mí no me digas.
Dolores era muy fina pero nos
estaba taladrando bien la tía.
Así que en aquella tarde, por primera y última vez, decidí
hacer caso de lo que tan respetable señora me estaba diciendo. Nada de
quejarme, apagué la radio y ¡¡qué te den, Dolores!!

17 diciembre 2011

EL FINAL DE MI VIDA EXTRATERRESTRE

El futuro,nos gustaba más en el pasado. Nuestro aparatoso televisor,incluso en blanco y negro, había permitido que un ejército de mocosos asomáramos nuestras cabecitas locas al espacio sideral, nos hacía vivir trepidantes batallas intergalácticas, que a mí, personalmente me encantaban. En el peor de los casos, si el futuro nos deparaba una invasión de reptiles depredadores, no había de qué preocuparse. Vendrían, sí,dispuestas a engullirnos, pero esmeradamente camuflados de atractivas señoritas
con cara de tener bastante mundo y bien ceñidas en sus sexys uniformes de cuero rojo. Viajes a la luna, naves espaciales, la cura para todas las enfermedades, la Paz Mundial.

En eso y en mucho más, había consistido el futuro. Ahora que ese futuro, ya no era futuro, era presente, el futuro había dejado de tener la misma gracia.

Dinero de plástico. Al parecer, ese era el mayor avance que habíamos sido capaces de alcanzar en las últimas décadas. Habíamos generado una especie de chapuza colosal, que amenazaba con convertirnos en esclavos o víctimas de un sistema, que nadie había elegido y que aparentaba haber surgido, de la noche a la mañana, de la nada.

Así que aquellos, que no teníamos muchas ganas de elegir que nos jodiesen, empezamos a cavilar. ¿Dónde estaba el responsable del final de nuestra vida extraterrestre? Y lo que era aún más importante, ¿qué podíamos hacer para que los felices diez, dejasen de dar miedo y continuasen siendo felices?

(Continuará)


(O ayúdanos a continuar, si lo prefieres)

04 diciembre 2011

EN OCASIONES, VEO OVEJAS


No hay cosa más tonta que sentirse listo. Es una ley con precisión matemática: cuanto más listo se cree el que te habla, más gilipollas. Y esto no se ha descubierto ayer, en los felices diez ya lo sabíamos. Y ante la estupidez más profunda, mi mente había desarrollado un extraño mecanismo de defensa; en ocasiones, veía ovejas.

Aquella tarde, por ejemplo, un par de individuos trataban de convencerme de no sé qué cosa. Imagino que se trataba de lo mismo de siempre… “dame la razón porque tengo razón”… “fulanito es peor que yo, porque yo soy mucho mejor”… “las cosas son así porque así han sido siempre y así deben quedar”… “si todo el mundo hiciese lo mismo que yo hago, otro gallo cantaría”. Realmente hace falta creerse listo para tratar de convencer a otro de que uno es poseedor de la verdad. Era perfectamente consciente de lo que estábamos hablando aquella tarde, de una sarta de estupideces.

Estaba sentado en la barra de un bar, sentado delante de dos ovejas, una oveja gorda y otra borracha y yo entré y salí pensando exactamente lo mismo de aquel lugar, que excluir a alguien que solo quiere hacer contigo lo mismo que tú haces, es de necios, que tratar de convencer a alguien, que si puede sujetarse y a quien no se le cae la baba al hablar, de que es torpe suele resultar en una escena bastante patética. Así que fulanito y fulanita aguantaron estoicamente aquellas revelaciones bovinas, terminaron su cerveza y regresaron a casa, muy contentos de saberse más fulanos y menos listos que sus bovinos contertulios.

19 junio 2011

¡HASTA EL PEPINO! Capítulo I: Pepino asesino.


Definitivamente, 2011 no era el año de la recuperación económica, tampoco el año del conejo como se empeñaban en mantener los chinos, 2011 era el año del pepino.

Pero, ¿qué había convertido a la más lasciva de nuestras hortalizas en buque insignia de nuestra no menos insigne nación? Razones escatológicas. Como era de suponer, pese a ser años tan felices, en aquellos diez, las deposiciones centroeuropeas seguían preocupando mucho más que las deposiciones africanas y frente a un pequeño número de víctimas de un nuevamente misterioso bichito, habían saltado todas las alarmas. El tal bichito se cobraba miles de vidas cada año en los países subdesarrollados, eso no era nada nuevo; lo que convertía aquella diarrea en noticia era que se trataba de una diarrea europea y, por lo tanto, venía dispuesta a atormentar nuestros acomodados traseros. Aquella diarrea sí resultaba del máximo interés. Y el principal sospechoso de semejantes desperfectos no era otro que nuestro pepino. El pánico se apoderaba del continente. No contentos con afear la foto al contar entre los miembros más pobres del club, de pronto enconábamos nuestros pepinos hacia sus indefensas y europeas posaderas. ¡El apocalipsis!

La reacción no se hizo esperar. Nuestros más nobles y democráticamente elegidos representantes (por una minoría, conviene recordar) no tardaron en tomar cartas en el asunto. No había en el país celebridad que no se sacrificase por la causa, llevándose a la boca un jugoso pepino. Las sección más conservadora, más “cuqui” y más teñida de rubio de nuestra clase política, peladito y a poquitos. La más garrula a bocaos y sin cerrar la boca al masticar. Cada uno a su manera y todos con la cámara delante que, ya se sabe, estas cosas, el electorado las recuerda.

Y así, todos a una y sin dejarlo caer por un solo instante, llegó el día en que el mundo entero tuvo que admitir que nuestro pepino ya no representaba una amenaza para nadie. Otro final feliz para una década rebosante de felicidad. Eso sí, la culpa del de la barba, por si cuela.

Fin del capítulo I

18 abril 2011

YA NO TE ADJUNTO

Durante toda la vida de uno existen, o al menos deberían existir porque no siempre es así, amistades de todo tipo. Algunas son efímeras y otras de toda una vida. Y según avanza la vida de uno, se van agregando y desagregando amistades, una realidad que nadie puede evitar.

Cuando uno es pequeño valen expresiones como "no te ajunto" para que esa amistad quede rota para siempre. Aunque bien es cierto que a esa edad todo es más efímero, y una amistad rota puede ser reconstruida en unos minutos. Con el tiempo todo se hace más complicado y le damos más vueltas buscando decir algo que de pequeños era tan fácil decir.

Pero por fortuna nos tocó vivir en los felices años diez, unos años en los que las nuevas tecnologías (ahora ya no tan nuevas) nos hacían la vida más fácil, o al menos lo intentaban, aunque no siempre lo conseguían... Pero en este caso sí que lograron ese objetivo de facilitar la vida al usuario, pues en esos años estaba de moda pertenecer a las redes sociales donde tenías tu lista de amistades y bastaba con un simple clic para que uno pudiera acabar con la amistad de alguien non grato en ese momento... Pero, claro está, como de pequeños también podías reconciliarte fácilmente mandando una nueva solicitud de amistad.

Corrían los felices años diez y el "ya no te ajunto", transformado en un "ya no te adjunto" nos llevaban las amistades a la sencillez de la niñez...

06 abril 2011

03 abril 2011

TATO K.O.


Eran los felices diez, pero ¿cuál era la cima de la felicidad? Tal vez volver a casa en la mitad de una tarde lluviosa, calentito en tu Mercedes de alta gama, y luego disfrutar del descanso del guerrero tomando un vaso de leche calentita, viendo una película, tapado con tu mantita al calor de la chimenea… Puede ser. Pero aquella era una tarde un poco puta. El Mercedes no es tuyo, es un taxi, y no tienes un puto duro con el que pagarlo, así que mejor parar lejos de casa y correr. “Espérame en la puerta del bar que voy a pedirle dinero a mi abuelo y te lo llevo”. Pero no vuelves porque, entre otras cosas, tu abuelo y hace tiempo que está muerto. En realidad, tu padre también hace tiempo que hierve en las calderas del infierno y de tu madre lo último que supiste fue que, puestos a elegir, prefería quedarse con aquel tipo que la ponía a cuatro patas. La casa está fría, no hay chimenea, ni manta y de la luz mejor no hablar, no sea que al tipo le dé por merodear para ver si te encuentra a ti o a tu abuelo y os parte la cara. La humedad se respira, se mastica y se pega a tu piel sucia. La nevera está vacía y hueles a tigre, así que decides echar más madera, pero a tu nariz, y tocarte un poquillo los huevos que te lo has ganado a pulso, chaval. Abres una botella de licor de hierbas de las del último golpe y a ver una peli-putas de las de antiguamente. Bueno, se trata de uno de esos programas para que llamen salidos demasiado acomplejados para ejercer de un modo más digno, en los que repiten la misma secuencia una y mil veces y te dejan a medias. Pero, como dicen, aunque no mate el hambre, calienta el cuerpo. Subes y bajas y aquello no sube, y tu ánimo también sube y baja y ves dragones y a las 5 de la mañana el alcohol impone su ley y te quedas frito. Mañana será otro día, chaval.

Ni nos parece bien, ni nos parece mal. Solo somos observadores atentos que pasan el rato con unas birras y echando unas risas. Sin haberte visto en el pellejo del protagonista resulta fácil hablar, pero difícil saber. Una década feliz, pero se trataba a veces de una felicidad un poco hija de puta y que no daba para todos, y no seríamos nosotros quienes juzgasen a los que tal felicidad se les atragantaba. Al menos eso lo teníamos claro.

¿Y al taxista, que le decimos? “Pues nada machote, que TATO K.O. Llama si quieres a la autoridad, que no hace nada, pero entretiene y pasamos la tarde. Entre jefe y tómese algo, que la vida se ve de otro modo detrás de la ventana.”

07 enero 2011

NO TENGO VIDA, PERO TENGO UN FACEBOOK


Pese a tratarse de los felices diez no todos eran felices. Siempre han existido tipos inadaptados, incomprendidos y gente a la que se la pela todo, es decir, personas con biografía, y mediocres que observan con envidia lo que hacen los primeros, para criticarlo y hacer después su imitación barata y a destiempo. Lo peculiar de aquellos días era que un ejército de idiotas se había organizado en la red para vampirizar la existencia de aquellos que siempre nos habíamos divertido a costa del simple acto de hacer básicamente lo que nos salía de las pelotas. En aquellos días si no tenías vida, siempre podías tener un facebook y en tu facebook agregar como amigos a los que realmente no compartirían mesa contigo ni por el oro de Moscú; y hacerte fotos con gente que se lo pasaba bien, poniendo cara de pasártelo bien también tú con ellos y colgarlas para que tu millón de presuntos amigos lo pudiesen ver y llegar a la conclusión de que molabas. Bajo mi punto de vista, la cima de la estupidez de aquel invento se alcanzaba con la posibilidad ilimitada de decir que cualquier cosa que no te incumbía en absoluto te gustaba o dejaba de gustarte sin que nadie te hubiese preguntado.

Como todo el mundo, yo tenía un facebook. Durante un tiempo lo intenté, pero o yo era muy raro o aquello era tremendamente aburrido, un sucedáneo de existencia pixelada, una forma de rencontrarte con intentos fallidos ya olvidados para descubrir que si dejas a alguien en el camino, tal vez no tengas mucho más que decirle veinte años después. El punto de inflexión llegó cuando una tarde pude leer en mi muro un comentario de una petarda recomendándome que dejara de beber. Solo faltaba que cualquier desequilibrada pudiera sentirse en el derecho de darme consejos sobre cómo vivir.

Eran los felices diez, pero no todos nos habíamos vuelto gilipollas, así que no tardé demasiado tiempo en alcanzar mis propias conclusiones:

1. Ni tengo cien amigos, ni quiero tenerlos.
2. Ni molo, ni quiero.
3. Me gusta tomarme una cerveza y correrme una juerga con mis compadres, pero sólo con cierta gente, y cuando voy borracho me molestan los flashes.
4. Dejaré de beber, de fumar y de hacer el imbécil el día que me salga de la parte más grande y colgante de mi anatomía.
5. Me la pela si te gusta o te disgusta lo que hago, cuando no te he preguntado.


Los felices diez.

05 noviembre 2010

SOLO NOSOTROS, CHICAS NO


Corrían los años ¿? (la década anterior a los felices años diez, que aún hoy no conocemos forma humana de nombrarla) y la gente decidía casarse, aunque sin valorar del todo las consecuencias que ello acarreaba. No sé sabe bien cómo empezó todo, pero hubo una boda y los demás decidieron seguir los pasos de la primera pareja de recién casados, aunque no sabíamos si realmente era por amor, por las vacaciones extras de 15 días, porque les apetecía, por formalizar la relación, por presión social o por cualquier otra razón. Y el motivo daba igual, lo único importante en la historia era esa sucesión de bodas que se produjo en los años ¿?.

Corrían los felices años 10 y, en apariencia, esas bodas habían concluido y con las mismas un ancestral ritual que se llevaba a cabo antes (días, semanas, o incluso meses) del dia del casamiento: las despedidas de soltero y de soltera, ritual que se podía hacer de forma conjunta o de forma separada, aunque la mayoría de las veces se escogiese la segunda.

Pues como la racha de nuevos matrimonios habían acabado, los machos de la manada decidieron seguir con el ritual, hubiese novio a la vista o no, y así, una vez al año, salir sólo ellos, sin las chicas, que en la mitad de los casos ya eran sus mujeres, pues en la otra mitad estaba la soltería que, al no tener que dar explicaciones ni justificarse por nada ante nadie, hacían una vida más libre, pudiendo salir y entrar libremente e ir a donde quisieran y tantas veces como quisieran. Pero aquellos machos casados ya hacían vida en común, mientras anhelaban la libertad de la soltería, de hacer y deshacer...

Y en el fondo los machos casados hacían esas reuniones tan sólo para poder sentir durante unas horas el recuerdo lejano de la soltería y la libertad, aunque, claro está, en unas horas se desvanecería todo quedando un solo recuerdo que con el tiempo y la rutina se iría lentamente diluyendo, aunque algunos resquicios de la memoria se recordarían cuando se volviesen a juntar aquellos machos en cualquier sitio, aunque llevasen a sus mujeres con ellos...

Cuánto se puede echar de menos la libertad perdida...

Y para estos machos, que vivieron todo esto, les quería dedicar una canción, y pese a no haberla encontrado con su video, les pongo la letra para que sepan de que habla... Aunque en el Spotify está, pero debido a la tecnología que había en los felices años 10, tan sólo dejaba publicar las canciones en las redes sociales y no en los blogs. Una lástima...

BURNING: "Y NO LO SABRAS"

Qué te ocurre amigo mío que ya no te veo
No será que un día dejaste de crecer
Piensa que tú un día fuiste bastante importante
Pero basta ya de juegos, tú veras.

Es bonito tener coche y ser papá
Pero creo que la corbata a ti no te va
Cada día el nudo es más fuerte
Hasta que tú mismo te ahogarás

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás

Fantasías en el parque o en cualquier lugar
Una sonrisa en tus labios y es de metal
Una nube que te tapa y no puedes ver
Cuando te llenas de blanca, tú no ves

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás

Es bonito tener coche y ser papá
Pero creo que la corbata a ti no te va
Cada día el nudo es más fuerte
Hasta que tú mismo te ahogarás

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás...

28 septiembre 2010

DIAS DE GLORIA



Hacía décadas que un tal Warhol había dicho aquello de que todo el mundo debería tener derecho a 15 segundos de gloria. En los felices diez, esa entelequia se había transmutado en una amenazante realidad. En el mundo global, con todos enchufados a una gigantesca red de estupideces y miles de cámaras observándote, cualquiera podía meter la pata y pasar a tener sus 15 segundos gloriosos.

Los tuvo cierto párroco toledano que intentaba obtener un pequeño desahogo para sus bajos instintos ofreciendo sus favores amatorios a través de una página de contactos. En poco más de 15 segundos, sus gayumbos de otra década pasaron de ser un dudoso reclamo para ninfómanas cortas de vista a convertirse en el titular de todos los noticiarios televisivos del país.

Al parecer, el bueno de X (llamémosle X sin afán de recochineo) había echado un vistazo al mundo y había entrado en una profunda crisis de fe. Cuando uno se sienta frente a la alcantarilla catódica y procesa seriamente ciertas imágenes de gente destrozada por guerras y catástrofes de diversa índole, no puede llegar a otra conclusión que la de cuestionarse esa historia de la salvación eterna. Si Dios no era capaz de salvar a esos pobres desgraciados, por qué habría de creer él en la salvación de su alma.

De manera que un buen día decidió dejar de hacer el imbécil y probar fortuna. Y, como eran tiempos de gran incertidumbre económica y el dinero del cepillo no daba para más, hizo una llamada a una de esas líneas en las que tras pulsar uno y luego 5 y luego no sé cuantos números más, una guarrilla, que vete a saber qué pinta tiene, te cuenta que se está tocando no se qué cosa, hasta que uno termina de venirse arriba.

El caso es que aquella llamada cambió por completo las cosas y al día siguiente repitió y repitió y día tras día siguió repitiendo, hasta que la factura alcanzó la escandalosa cifra de 17.000€. El buen párroco ya no se sentía sólo, ahora se sentía solo, asquerosamente sucio y atenazado por el pánico. Así que buscó una salida agarrando de nuevo la sartén por el mango. Grabó el mencionado vídeo con sus gayumbitos de dudosa calidad y publicó un anuncio en eBay poniendo a la venta la imagen de Cristo de la parroquia.

El resto de la historia es sencillo de imaginar. Algunos de esos feligreses a los que tanto había temido decepcionar con sus lascivos deslices, resultaron compartir bajos instintos con el bueno del párroco y el asunto tardó pocos días en convertirse noticia: El párroco del pueblo se anuncia en internet “heterosexual y bien dotado”. Que si nadie lo hubiese imaginado, que si siempre había parecido una persona de lo más normal

El caso es que en aquellos felices diez tenías que tener cuidado porque sin darte cuenta te encontrabas expuesto a una inmensa red de moralistas anónimos y en cualquier momento podían llegarte tus malditos 15 segundos de gloria. Así las cosas, algunos elegimos seguir la vida, celebrando en petit comité las modestas victorias de todos los días en el anonimato proporcionado por nuestra pequeña parroquia.

19 septiembre 2010

VACACIONES EN EL MAR


Corrían los felices años 10, cuando una pareja de enamorados pretendía pasar unas vacaciones románticas el uno junto al otro. Así que buscaron la mejor manera de pasar esos días de descanso y decidieron que lo más propicio podría ser emular a aquellos enamorados de las décadas pasadas que se embarcaban en el Love Boat a cargo del capitán Stubing... Según la serie de Vacaciones en el mar, todo era de lo más romántico y si algún problema había entre las parejas, se solucionaba y acababa todo perfecto en plan final feliz... Así que nuestra de pareja de enamorados decidieron embarcarse en un crucero, aunque no fuese el de la serie, pero tenían la esperanza de conseguir el mismo resultado.

De esta forma tenemos a una pareja de enamorados con las maletas preparadas y el viaje a las costa realizado, pues dicha pareja no viven en una ciudad con mar y se tienen que desplazar hacía otra con puerto. Todo listo y preparado sin sospechar lo más mínimo que un gran nubarrón cargado de lluvia, rayos y truenos les iba a perseguir... Así nuestra pareja se dispuso a entregar los billetes para acceder al barco, sin embargo y contra todo pronóstico la entrada fue denegada, pues él, hombre de campo, cometía el terrible delito de no llevar calzado adecuado, pues unas zapatillas vestían sus píes en lugar de unos elegantes zapatos...

La tragedia se veía y aquella pareja de infelices no podían disfrutar de sus esperadas y felices vacaciones por culpa de unas dichosas zapatillas, así que no tuvieron más remedio que improvisar y actuar rápido, buscando una zapatería donde realizar las primeras inesperadas compras de sus vacaciones: unos zapatos nuevos. Pobres insensatos.

Afortunadamente aquellos desgraciados volvieron a sonreír cuando, una vez con los zapatos puestos, llegaron de nuevo al barco y pudieron emprender sus vacaciones en amor y armonía... Y como en aquella serie, nuestra historia tuvo un final feliz, aunque ningún miembro de la tripulación se desviviese para conseguirlo...

Todo esto me recordaba a la de los porteros de discoteca. Si eras chica, podías acceder a su interior aunque fuese descalza. Si eras chico la cosa se ponía más chunga, pues si era una discoteca pija te obligaban a llevar zapatos y nada de calcetines blancos... Cuando la normativa realmente te obliga simplemente a llevar un calzado seguro y lo único que realmente te pueden prohibir son las chanclas para evitar que se te fuese el píe y te cortases...

Pero en los felices años 10 los cruceros, visto lo visto, debían de ser de lo más pijo y para ser aún más cool decidieron comportarse como las discotecas. Aunque, claro está, me quedaba una duda en el aire: ¿los zapatos serían de obligada puesta? Mi cabeza no dejaba de imaginar a esa pareja de enamorados bajando (o subiendo) a la piscina con su bañador, su toalla y sus zapatitos limpios sin calcetines blancos, no fuese a ser que la tripulación, e incluso el mismísimo capitan Stubing, los arrojasen por la borda y tirasen sus cuerpecitos de enamorados a los tiburones...

Menos mal que en los felices años 10 no les dio a la gente por cambiar los refranes y sacar la versión del "hagas lo que hagas ponte zapatos" que aunque no rime (eso es lo de menos) sería lo más importante si en esos tiempos querías irte de crucero.

16 septiembre 2010

EL ESPIRITU DE LOS FELICES AÑOS 10


Corrían los felices años 10 cuando llegaron 4 días donde el alcohol fluía por todos nosotros y habitualmente comíamos algo, sin orden, sin llevar dietas ni controles alimentarios, generalmente engullíamos cualquier cosa que acompañase bien a nuestras bebidas. Eran cuatro días en los que, sin ser carnaval, nos dejábamos llevar por los placeres de Don Carnal, sin importar absolutamente nada. Eran cuatro días donde nos evadiamos de todo, incluso de nosotros mismos, sin problemas, sin quebraderos de cabeza... Sólo intentábamos ser felices.

Y en esos cuatro días tan pronto alguien tiraba del cable o mandaba a una guardia civil a la que nadie hacía el mínimo caso y mucho menos aún cuando otro amenazaba con llamar a la policía, cosa que ni hizo ni le hicimos el menor caso, pues lo único que queríamos era que se fijase bien el esmalte azul en nuestras uñas... Eran unos días en la que los machos huían como animales perseguidos por una vedette que simplemente quería sacar voluntarios en su espectáculo, y cuando lo lograba la víctima se escabullía tan pronto podía, ante la mirada incrédula de la chavala que pensaría algo así como "esto no me puede estar sucediendo a mí".

Pero eran días también en los que estaba en boga el I+D+I (investigación, desarrollo i tal), en los que se llevaban a la práctica cualquier cosa que se nos ocurriese, como el intentar sacar del water un rollo de papel (con las más diversas maneras salvo meter la mano) o como hacer que un toro reculase empleando la tutu, la cual, como era de esperar, permaneció invicta ante los ataques del animal, aunque sí que conseguía moverla.

Y hasta la gente no se creía cuando uno de los nuestros desaparecía para ir a "beber agua", cosa que lógicamente era una excusa barata porque bebíamos de todo menos agua, pero que mucho menos se lo creía cuando la verdad llegaba a sus oídos: estaba satisfaciendo sus necesidades fisiológicas y corporales, aunque no sexuales.

Eran unos días de desenfreno, en los que poco o nada importaba, tan sólo el pasárselo bien, el estar con los amigos y el disfrutar. Así era el espíritu de esos días, que intentábamos mantener el resto del año, cuando la rutina, los problemas y los quebraderos hacían aparición en nuestras vidas... Pero los recuerdos de aquellos días hacían que viésemos lo negativo con otro punto de vista, configurando de esta forma lo que sería ya historia: los felices años 10.

30 agosto 2010

ANTE LA DUDA… ¡TIRA DEL CABLE!


30 de agosto de 2010. Corrían los felices diez y la cosa pintaba jodida. Quien más y quien menos había visto su trasero en peligro o, al menos, se lo había imaginado con una crisis, que mejor no recordarla ahora (ya nos la recordarán los chupópteros expertos en economía cuando provoquen la siguiente).

En lo personal, yo terminaba un largo periplo que me conducía exactamente al punto del que había partido. Madrid-Campiña Alta-Málaga-Nueva York-Oporto-Milán-Zaragoza-Oviedo-Sicilia-Campiña Alta-Madrid. Un año dando tumbos por varios rincones del planeta, para acabar en el mismo sitio y en la misma situación que hacía 12 meses. Solía pasar en aquellos felices diez que podías hacer casi lo que quisieses, que podías soñar pero sólo a cambio de hacerlo sólo un ratito. Luego preparabas la maleta y regresabas a casa (a la casa de tus padres, del arrendador o del banco, se entiende) con el fin de volver a enfrentarte con el mismo destino del que eras presa. Bueno, no exactamente, porque de forma inminente íbamos a ser testigos de lo que podríamos llamar una especie de milagro sociológico. En pocas semanas, en lugar de tener por delante un año menos de vida laboral, el conjunto de la población de nuestro tan querido país sería bendecido con dos años más de regalo. Como la reproducción de los panes y los peces pero en plan joputa.

El caso es que en aquellos días, en la Campiña Alta, descubrimos una posible vía a la felicidad. En la Era Digital, en los tiempos de la tecnología, la solución a buena parte de los problemas podían resumirse en tres palabras: “TIRAR DEL CABLE”. Tirando del cable uno podía acabar de una vez por todas con el insoportable ruido del vecino; podría protegerse contra la próxima mala noticia e incluso disminuir el consumo eléctrico o el recibo del teléfono. Los más radicales también veían en tirar del cable una potencial salida para nuestra abultada tasa de desempleo y para nuestro costosísimo Sistema de Protección Social [1], después de aplicar la medida (de manera muy juiciosa y selectiva, cómo no) sobre los ejemplares más débiles, que penosamente se restablecían en los hospitales públicos. Era por todos sabido que sin sacrificios no iríamos hacia ninguna parte.

La verdad es que el plan era una mierda. A estas alturas todos sabíamos que tirar del cable no resolvía nada, que era una conducta autoritaria, propia de especímenes primarios, más bien poco inteligentes y con rasgos de narcisista abocado al fracaso en su personalidad. Pero eran los felices diez y, aunque la cosa pintase fea, la disparatada historia de cómo una tal, llamémosle Manolita[2], decidió tirar del cable para demostrarle al mundo quien tenía la sartén por el mango nos hizo partirnos el pecho riendo durante buena parte del verano.

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[1] Para los realmente burros, como ya no existe, hacemos la excepción y explicamos que el Sistema de Protección Social consistía en que el Estado te quitaba una pasta todos los meses, mes tras mes, año tras año, y que sólo en caso de que cayeses en desgracia te devolvían una parte ridícula. ¿Por qué era tan costosísimo devolver a algunos una mínima parte de lo que nos quitaban a todos? ¡¡¡Tira del cable!!!

[2] Los felices diez prometen publicar muy pronto la historia de Manolita y sus dilemas eléctricos.

15 julio 2010

AVERÍA PRESIDENTE


Siempre he tenido una fuerte tendencia a dramatizar las cosas. A poco que me esforzase por mirarme al ombligo, hubiese dicho que sin darme cuenta me había salido de camino y que ahora me encontraba inmerso en un extraño y deshabitado paraje lunar; que sin darme cuenta había llegado al momento en el que todo lo que había sido importante para mí ya no iba a poder ser, porque había elegido mal o había dejado partir muchos trenes confiando en que siempre podría coger el siguiente; que nuestra sociedad y nuestro sistema de valores había entrado en franca decadencia o que el mundo, tal como lo conocíamos, se acercaba a su fin. Sin lugar a dudas, a poco que uno se esfuerce, puede decir muchas gilipolleces. El intenso frío, el crudo calor y la cantidad de mierda que es capaz de disparar la tele en una fracción de segundo, pueden atolondrar a cualquiera.

Pero la realidad en aquellos primeros compases de los felices diez era bien distinta y yo, sí yo, me acababa de dar cuenta. ¡La Bruja Avería seguía viva y gobernaba en la sombra el país! Llegando a este punto, puede que el lector empiece a cuestionarse el estado de salud metal del que suscribe, pero era evidente o, al menos, a mi me lo parecía. Hagamos el ejercicio de imaginar de su boca algunos de los mensajes que nos habían llegado en los últimos meses:

“Para mejorar su economía, les bajaré el sueldo y subiré sus impuestos”

“A los fumadores les seguiré vendiendo tabaco, pero les subiré el precio poco a poco para que no se cuestionen dejarlo y seguir siendo cada vez más y más rica… y cuando ya no puedan ni desengancharse porque estén desesperados al no saber qué será de ellos, les prohibiré fumar en público”

“Para los que no fuman y se contentan con mirar, prohibiré que la gente se desnude e, incluso, prohibiré pasear por la calle sin camiseta”

“Como soy una bruja demócrata, habrá maldad también para los más desgraciados. También me ocuparé de esas mujeres que no tienen más remedio que ganarse la vida vendiendo su cuerpo. No legalizaré su situación, no. Ni perseguiré a las mafias que las prostituye. A las putas les prohibiré anunciarse en el periódico pa que se jodan y tengan que salir a la Casa de Campo”

“Jaaaaaa, ja, ja… ¡¡¡Queeé maaala, pero queeé mala sooooy!!!”

(Continuará)

06 junio 2010

REUNION DE PEÑAS


Corrían Los Felices Años 10 y el Ayuntamiento citaba a los peñistas para una reunión el siguiente fin de semana. El cartel, situado en el tablón de anuncios del bar, el mejor sitio para ser visto y leído por todo el mundo, citaba pero sin decir ni hora ni lugar. Del tema a tratar no ponía nada, sin embargo otro peñista nos adelantó que posiblemente se debiese a que el viernes por la tarde de las fiestas no traerían por tercer año consecutivo al adiestrador de perros. En su lugar se iba a proponer que las peñas organizasen algo, aunque no sabíamos si era cada peña la que preparaba algo o era una organización en su conjunto. Además tampoco teníamos conocimiento de si, en el caso de organizar algo, nos iban a dar una pequeña ayuda económica o no para la realización de ese algo.

Corrían Los Felices Años 10 y ninguno queríamos ir a esa reunión, aunque también es cierto que la mayoría no podía asistir al acto. Aunque nuestra opinión de la propuesta era algo de lo que sí estábamos de acuerdo la mayoría: negativa a organizar nosotros algo y sí a los perros. Pero claro, esta opinión sólo reflejaba una peña y en teoría tenían que tomar la decisión la totalidad de las peñas... Pero nuestra idea era clara por varios motivos:
1) No queríamos pringar organizando algo de lo que seguramente traería más problemas y dolores de cabeza que el no hacer nada (pensarlo, plantearlo, decidirlo, ponerlo en marcha, supervisar la actividad y recogerlo).
2) Llevábamos más de medio año esperando usar el ahuyentador de perros, que para algo lo teníamos y el mejor lugar era esa concentración de canes que todos los años hacían lo mismo, aunque cada año conservábamos la esperanza que el animal fallase y le obsequiase algún mordisco al entrenador (sí, los instintos humanos son perversos y crueles)
3) Estando los perros, si te apetecía ir a verlos ibas, sino con pasar del tema estaba solucionado.

Pero como digo, a falta de 6 días para la reunión no teníamos planeado ir, así que nuestro voto quedaría silenciado por la eternidad, porque no creo que los mandatarios leyesen el blog y si lo hacían dudo mucho que lo tuviesen en cuenta... Total, no sería la primera vez que nos la jugarían, ya que el año anterior, el último de la década sin nombre, nos apuntamos al Primer Torneo de Bolos Castellanos y no nos valieron ni avisar de que tarde se celebraría el juego y casualmente la decisión de la fecha fue determinada por una minoría (no por la mayoría como es lógico).

Así que en los Felices Años 10 pasábamos de las órdenes de mandatarios y celebrábamos la fiesta como más nos gustaba hacerlo, pasando de todo y de todos... Así que en esos años tan sólo dejábamos muestra de nuestra opinión con un sencillo "qué les den".

04 junio 2010

A LOS TOROS CON PIPAS, NO CON BANDERAS


Hay que cuidar lo que decimos a los niños, porque los niños son como esponjas. Si les das cultura se empapan de cultura, si les rodeas de Gente se convertirán en personas, pero si les das mierda… sobra el comentario.

Mayo de 2010. Feria de San Isidro. Enésima orgía de España cañí cuidadosamente aliñada con cerveza. Sangriento, seguro. Cruel, tal vez. Según como se mire. Para mí, la andanada del 8 representaba un reducto de inteligencia nacional. Un núcleo de resistencia. Sólo las generaciones pasadas comprendían aún lo que era este país y allí se reunían algunos de sus últimos bastiones. Allí sentado, entre mantazo y mantazo, había escuchado las exhortaciones más inverosímiles contra las más variadas personalidades.

Había para todos. Un abucheo para una la autoridad populista y choriza. El título de Tonta para la tonta, el de pelota para el pelota, el de cotorra para la redicha periodista del corazón. Y ante todo, la falta de sorpresa ante el hundimiento de nuestro delirio especulador. Frente al último desastre nacional la respuesta de cualquiera de nuestros oráculos octogenarios no podía ser más certera: “¡si ya lo decía yo!”. Todo un núcleo de resistencia equipado con bocata de jamón, puro y visera emergido del Madrid más profundo, el mismo Madrid que algunos horteras intentan convertir en una mierda pseudocultural de diseño, a costa de renunciar a sus orígenes.

Por eso cuando oí la historia de cierta niña con tirabuzones y de sus papás retrógrados, que quería torear un toro con una bandera España, me vinieron a la mente todas estas historias. España no era una bandera para doblegar al mundo como si fuese un becerro. España era el sastre de Gary Cooper y su interminable provisión de anisillos, la Antonia con su falda de tablillas para poder abrirse de piernas y esquivar la espalda del tío de delante, los jubiletas saltándote por encima para llegar los primeros al metro y el ejército de rastreadores armados con prismáticos al acecho de un buen objetivo en el callejón. Un poco brutos, un poco cutres y extremadamente críticos. Así nos las gastábamos en aquellas latitudes en los felices diez. En todos estos rasgos yo me reconocía y encontraba algo entrañable presuntamente condenado a extinguirse.