05 noviembre 2010

SOLO NOSOTROS, CHICAS NO


Corrían los años ¿? (la década anterior a los felices años diez, que aún hoy no conocemos forma humana de nombrarla) y la gente decidía casarse, aunque sin valorar del todo las consecuencias que ello acarreaba. No sé sabe bien cómo empezó todo, pero hubo una boda y los demás decidieron seguir los pasos de la primera pareja de recién casados, aunque no sabíamos si realmente era por amor, por las vacaciones extras de 15 días, porque les apetecía, por formalizar la relación, por presión social o por cualquier otra razón. Y el motivo daba igual, lo único importante en la historia era esa sucesión de bodas que se produjo en los años ¿?.

Corrían los felices años 10 y, en apariencia, esas bodas habían concluido y con las mismas un ancestral ritual que se llevaba a cabo antes (días, semanas, o incluso meses) del dia del casamiento: las despedidas de soltero y de soltera, ritual que se podía hacer de forma conjunta o de forma separada, aunque la mayoría de las veces se escogiese la segunda.

Pues como la racha de nuevos matrimonios habían acabado, los machos de la manada decidieron seguir con el ritual, hubiese novio a la vista o no, y así, una vez al año, salir sólo ellos, sin las chicas, que en la mitad de los casos ya eran sus mujeres, pues en la otra mitad estaba la soltería que, al no tener que dar explicaciones ni justificarse por nada ante nadie, hacían una vida más libre, pudiendo salir y entrar libremente e ir a donde quisieran y tantas veces como quisieran. Pero aquellos machos casados ya hacían vida en común, mientras anhelaban la libertad de la soltería, de hacer y deshacer...

Y en el fondo los machos casados hacían esas reuniones tan sólo para poder sentir durante unas horas el recuerdo lejano de la soltería y la libertad, aunque, claro está, en unas horas se desvanecería todo quedando un solo recuerdo que con el tiempo y la rutina se iría lentamente diluyendo, aunque algunos resquicios de la memoria se recordarían cuando se volviesen a juntar aquellos machos en cualquier sitio, aunque llevasen a sus mujeres con ellos...

Cuánto se puede echar de menos la libertad perdida...

Y para estos machos, que vivieron todo esto, les quería dedicar una canción, y pese a no haberla encontrado con su video, les pongo la letra para que sepan de que habla... Aunque en el Spotify está, pero debido a la tecnología que había en los felices años 10, tan sólo dejaba publicar las canciones en las redes sociales y no en los blogs. Una lástima...

BURNING: "Y NO LO SABRAS"

Qué te ocurre amigo mío que ya no te veo
No será que un día dejaste de crecer
Piensa que tú un día fuiste bastante importante
Pero basta ya de juegos, tú veras.

Es bonito tener coche y ser papá
Pero creo que la corbata a ti no te va
Cada día el nudo es más fuerte
Hasta que tú mismo te ahogarás

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás

Fantasías en el parque o en cualquier lugar
Una sonrisa en tus labios y es de metal
Una nube que te tapa y no puedes ver
Cuando te llenas de blanca, tú no ves

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás

Es bonito tener coche y ser papá
Pero creo que la corbata a ti no te va
Cada día el nudo es más fuerte
Hasta que tú mismo te ahogarás

Y no lo sabrás, y no lo sabrás
Y no lo sabrás, y no lo sabrás...

28 septiembre 2010

DIAS DE GLORIA



Hacía décadas que un tal Warhol había dicho aquello de que todo el mundo debería tener derecho a 15 segundos de gloria. En los felices diez, esa entelequia se había transmutado en una amenazante realidad. En el mundo global, con todos enchufados a una gigantesca red de estupideces y miles de cámaras observándote, cualquiera podía meter la pata y pasar a tener sus 15 segundos gloriosos.

Los tuvo cierto párroco toledano que intentaba obtener un pequeño desahogo para sus bajos instintos ofreciendo sus favores amatorios a través de una página de contactos. En poco más de 15 segundos, sus gayumbos de otra década pasaron de ser un dudoso reclamo para ninfómanas cortas de vista a convertirse en el titular de todos los noticiarios televisivos del país.

Al parecer, el bueno de X (llamémosle X sin afán de recochineo) había echado un vistazo al mundo y había entrado en una profunda crisis de fe. Cuando uno se sienta frente a la alcantarilla catódica y procesa seriamente ciertas imágenes de gente destrozada por guerras y catástrofes de diversa índole, no puede llegar a otra conclusión que la de cuestionarse esa historia de la salvación eterna. Si Dios no era capaz de salvar a esos pobres desgraciados, por qué habría de creer él en la salvación de su alma.

De manera que un buen día decidió dejar de hacer el imbécil y probar fortuna. Y, como eran tiempos de gran incertidumbre económica y el dinero del cepillo no daba para más, hizo una llamada a una de esas líneas en las que tras pulsar uno y luego 5 y luego no sé cuantos números más, una guarrilla, que vete a saber qué pinta tiene, te cuenta que se está tocando no se qué cosa, hasta que uno termina de venirse arriba.

El caso es que aquella llamada cambió por completo las cosas y al día siguiente repitió y repitió y día tras día siguió repitiendo, hasta que la factura alcanzó la escandalosa cifra de 17.000€. El buen párroco ya no se sentía sólo, ahora se sentía solo, asquerosamente sucio y atenazado por el pánico. Así que buscó una salida agarrando de nuevo la sartén por el mango. Grabó el mencionado vídeo con sus gayumbitos de dudosa calidad y publicó un anuncio en eBay poniendo a la venta la imagen de Cristo de la parroquia.

El resto de la historia es sencillo de imaginar. Algunos de esos feligreses a los que tanto había temido decepcionar con sus lascivos deslices, resultaron compartir bajos instintos con el bueno del párroco y el asunto tardó pocos días en convertirse noticia: El párroco del pueblo se anuncia en internet “heterosexual y bien dotado”. Que si nadie lo hubiese imaginado, que si siempre había parecido una persona de lo más normal

El caso es que en aquellos felices diez tenías que tener cuidado porque sin darte cuenta te encontrabas expuesto a una inmensa red de moralistas anónimos y en cualquier momento podían llegarte tus malditos 15 segundos de gloria. Así las cosas, algunos elegimos seguir la vida, celebrando en petit comité las modestas victorias de todos los días en el anonimato proporcionado por nuestra pequeña parroquia.

19 septiembre 2010

VACACIONES EN EL MAR


Corrían los felices años 10, cuando una pareja de enamorados pretendía pasar unas vacaciones románticas el uno junto al otro. Así que buscaron la mejor manera de pasar esos días de descanso y decidieron que lo más propicio podría ser emular a aquellos enamorados de las décadas pasadas que se embarcaban en el Love Boat a cargo del capitán Stubing... Según la serie de Vacaciones en el mar, todo era de lo más romántico y si algún problema había entre las parejas, se solucionaba y acababa todo perfecto en plan final feliz... Así que nuestra de pareja de enamorados decidieron embarcarse en un crucero, aunque no fuese el de la serie, pero tenían la esperanza de conseguir el mismo resultado.

De esta forma tenemos a una pareja de enamorados con las maletas preparadas y el viaje a las costa realizado, pues dicha pareja no viven en una ciudad con mar y se tienen que desplazar hacía otra con puerto. Todo listo y preparado sin sospechar lo más mínimo que un gran nubarrón cargado de lluvia, rayos y truenos les iba a perseguir... Así nuestra pareja se dispuso a entregar los billetes para acceder al barco, sin embargo y contra todo pronóstico la entrada fue denegada, pues él, hombre de campo, cometía el terrible delito de no llevar calzado adecuado, pues unas zapatillas vestían sus píes en lugar de unos elegantes zapatos...

La tragedia se veía y aquella pareja de infelices no podían disfrutar de sus esperadas y felices vacaciones por culpa de unas dichosas zapatillas, así que no tuvieron más remedio que improvisar y actuar rápido, buscando una zapatería donde realizar las primeras inesperadas compras de sus vacaciones: unos zapatos nuevos. Pobres insensatos.

Afortunadamente aquellos desgraciados volvieron a sonreír cuando, una vez con los zapatos puestos, llegaron de nuevo al barco y pudieron emprender sus vacaciones en amor y armonía... Y como en aquella serie, nuestra historia tuvo un final feliz, aunque ningún miembro de la tripulación se desviviese para conseguirlo...

Todo esto me recordaba a la de los porteros de discoteca. Si eras chica, podías acceder a su interior aunque fuese descalza. Si eras chico la cosa se ponía más chunga, pues si era una discoteca pija te obligaban a llevar zapatos y nada de calcetines blancos... Cuando la normativa realmente te obliga simplemente a llevar un calzado seguro y lo único que realmente te pueden prohibir son las chanclas para evitar que se te fuese el píe y te cortases...

Pero en los felices años 10 los cruceros, visto lo visto, debían de ser de lo más pijo y para ser aún más cool decidieron comportarse como las discotecas. Aunque, claro está, me quedaba una duda en el aire: ¿los zapatos serían de obligada puesta? Mi cabeza no dejaba de imaginar a esa pareja de enamorados bajando (o subiendo) a la piscina con su bañador, su toalla y sus zapatitos limpios sin calcetines blancos, no fuese a ser que la tripulación, e incluso el mismísimo capitan Stubing, los arrojasen por la borda y tirasen sus cuerpecitos de enamorados a los tiburones...

Menos mal que en los felices años 10 no les dio a la gente por cambiar los refranes y sacar la versión del "hagas lo que hagas ponte zapatos" que aunque no rime (eso es lo de menos) sería lo más importante si en esos tiempos querías irte de crucero.

16 septiembre 2010

EL ESPIRITU DE LOS FELICES AÑOS 10


Corrían los felices años 10 cuando llegaron 4 días donde el alcohol fluía por todos nosotros y habitualmente comíamos algo, sin orden, sin llevar dietas ni controles alimentarios, generalmente engullíamos cualquier cosa que acompañase bien a nuestras bebidas. Eran cuatro días en los que, sin ser carnaval, nos dejábamos llevar por los placeres de Don Carnal, sin importar absolutamente nada. Eran cuatro días donde nos evadiamos de todo, incluso de nosotros mismos, sin problemas, sin quebraderos de cabeza... Sólo intentábamos ser felices.

Y en esos cuatro días tan pronto alguien tiraba del cable o mandaba a una guardia civil a la que nadie hacía el mínimo caso y mucho menos aún cuando otro amenazaba con llamar a la policía, cosa que ni hizo ni le hicimos el menor caso, pues lo único que queríamos era que se fijase bien el esmalte azul en nuestras uñas... Eran unos días en la que los machos huían como animales perseguidos por una vedette que simplemente quería sacar voluntarios en su espectáculo, y cuando lo lograba la víctima se escabullía tan pronto podía, ante la mirada incrédula de la chavala que pensaría algo así como "esto no me puede estar sucediendo a mí".

Pero eran días también en los que estaba en boga el I+D+I (investigación, desarrollo i tal), en los que se llevaban a la práctica cualquier cosa que se nos ocurriese, como el intentar sacar del water un rollo de papel (con las más diversas maneras salvo meter la mano) o como hacer que un toro reculase empleando la tutu, la cual, como era de esperar, permaneció invicta ante los ataques del animal, aunque sí que conseguía moverla.

Y hasta la gente no se creía cuando uno de los nuestros desaparecía para ir a "beber agua", cosa que lógicamente era una excusa barata porque bebíamos de todo menos agua, pero que mucho menos se lo creía cuando la verdad llegaba a sus oídos: estaba satisfaciendo sus necesidades fisiológicas y corporales, aunque no sexuales.

Eran unos días de desenfreno, en los que poco o nada importaba, tan sólo el pasárselo bien, el estar con los amigos y el disfrutar. Así era el espíritu de esos días, que intentábamos mantener el resto del año, cuando la rutina, los problemas y los quebraderos hacían aparición en nuestras vidas... Pero los recuerdos de aquellos días hacían que viésemos lo negativo con otro punto de vista, configurando de esta forma lo que sería ya historia: los felices años 10.

30 agosto 2010

ANTE LA DUDA… ¡TIRA DEL CABLE!


30 de agosto de 2010. Corrían los felices diez y la cosa pintaba jodida. Quien más y quien menos había visto su trasero en peligro o, al menos, se lo había imaginado con una crisis, que mejor no recordarla ahora (ya nos la recordarán los chupópteros expertos en economía cuando provoquen la siguiente).

En lo personal, yo terminaba un largo periplo que me conducía exactamente al punto del que había partido. Madrid-Campiña Alta-Málaga-Nueva York-Oporto-Milán-Zaragoza-Oviedo-Sicilia-Campiña Alta-Madrid. Un año dando tumbos por varios rincones del planeta, para acabar en el mismo sitio y en la misma situación que hacía 12 meses. Solía pasar en aquellos felices diez que podías hacer casi lo que quisieses, que podías soñar pero sólo a cambio de hacerlo sólo un ratito. Luego preparabas la maleta y regresabas a casa (a la casa de tus padres, del arrendador o del banco, se entiende) con el fin de volver a enfrentarte con el mismo destino del que eras presa. Bueno, no exactamente, porque de forma inminente íbamos a ser testigos de lo que podríamos llamar una especie de milagro sociológico. En pocas semanas, en lugar de tener por delante un año menos de vida laboral, el conjunto de la población de nuestro tan querido país sería bendecido con dos años más de regalo. Como la reproducción de los panes y los peces pero en plan joputa.

El caso es que en aquellos días, en la Campiña Alta, descubrimos una posible vía a la felicidad. En la Era Digital, en los tiempos de la tecnología, la solución a buena parte de los problemas podían resumirse en tres palabras: “TIRAR DEL CABLE”. Tirando del cable uno podía acabar de una vez por todas con el insoportable ruido del vecino; podría protegerse contra la próxima mala noticia e incluso disminuir el consumo eléctrico o el recibo del teléfono. Los más radicales también veían en tirar del cable una potencial salida para nuestra abultada tasa de desempleo y para nuestro costosísimo Sistema de Protección Social [1], después de aplicar la medida (de manera muy juiciosa y selectiva, cómo no) sobre los ejemplares más débiles, que penosamente se restablecían en los hospitales públicos. Era por todos sabido que sin sacrificios no iríamos hacia ninguna parte.

La verdad es que el plan era una mierda. A estas alturas todos sabíamos que tirar del cable no resolvía nada, que era una conducta autoritaria, propia de especímenes primarios, más bien poco inteligentes y con rasgos de narcisista abocado al fracaso en su personalidad. Pero eran los felices diez y, aunque la cosa pintase fea, la disparatada historia de cómo una tal, llamémosle Manolita[2], decidió tirar del cable para demostrarle al mundo quien tenía la sartén por el mango nos hizo partirnos el pecho riendo durante buena parte del verano.

_____________

[1] Para los realmente burros, como ya no existe, hacemos la excepción y explicamos que el Sistema de Protección Social consistía en que el Estado te quitaba una pasta todos los meses, mes tras mes, año tras año, y que sólo en caso de que cayeses en desgracia te devolvían una parte ridícula. ¿Por qué era tan costosísimo devolver a algunos una mínima parte de lo que nos quitaban a todos? ¡¡¡Tira del cable!!!

[2] Los felices diez prometen publicar muy pronto la historia de Manolita y sus dilemas eléctricos.

15 julio 2010

AVERÍA PRESIDENTE


Siempre he tenido una fuerte tendencia a dramatizar las cosas. A poco que me esforzase por mirarme al ombligo, hubiese dicho que sin darme cuenta me había salido de camino y que ahora me encontraba inmerso en un extraño y deshabitado paraje lunar; que sin darme cuenta había llegado al momento en el que todo lo que había sido importante para mí ya no iba a poder ser, porque había elegido mal o había dejado partir muchos trenes confiando en que siempre podría coger el siguiente; que nuestra sociedad y nuestro sistema de valores había entrado en franca decadencia o que el mundo, tal como lo conocíamos, se acercaba a su fin. Sin lugar a dudas, a poco que uno se esfuerce, puede decir muchas gilipolleces. El intenso frío, el crudo calor y la cantidad de mierda que es capaz de disparar la tele en una fracción de segundo, pueden atolondrar a cualquiera.

Pero la realidad en aquellos primeros compases de los felices diez era bien distinta y yo, sí yo, me acababa de dar cuenta. ¡La Bruja Avería seguía viva y gobernaba en la sombra el país! Llegando a este punto, puede que el lector empiece a cuestionarse el estado de salud metal del que suscribe, pero era evidente o, al menos, a mi me lo parecía. Hagamos el ejercicio de imaginar de su boca algunos de los mensajes que nos habían llegado en los últimos meses:

“Para mejorar su economía, les bajaré el sueldo y subiré sus impuestos”

“A los fumadores les seguiré vendiendo tabaco, pero les subiré el precio poco a poco para que no se cuestionen dejarlo y seguir siendo cada vez más y más rica… y cuando ya no puedan ni desengancharse porque estén desesperados al no saber qué será de ellos, les prohibiré fumar en público”

“Para los que no fuman y se contentan con mirar, prohibiré que la gente se desnude e, incluso, prohibiré pasear por la calle sin camiseta”

“Como soy una bruja demócrata, habrá maldad también para los más desgraciados. También me ocuparé de esas mujeres que no tienen más remedio que ganarse la vida vendiendo su cuerpo. No legalizaré su situación, no. Ni perseguiré a las mafias que las prostituye. A las putas les prohibiré anunciarse en el periódico pa que se jodan y tengan que salir a la Casa de Campo”

“Jaaaaaa, ja, ja… ¡¡¡Queeé maaala, pero queeé mala sooooy!!!”

(Continuará)

06 junio 2010

REUNION DE PEÑAS


Corrían Los Felices Años 10 y el Ayuntamiento citaba a los peñistas para una reunión el siguiente fin de semana. El cartel, situado en el tablón de anuncios del bar, el mejor sitio para ser visto y leído por todo el mundo, citaba pero sin decir ni hora ni lugar. Del tema a tratar no ponía nada, sin embargo otro peñista nos adelantó que posiblemente se debiese a que el viernes por la tarde de las fiestas no traerían por tercer año consecutivo al adiestrador de perros. En su lugar se iba a proponer que las peñas organizasen algo, aunque no sabíamos si era cada peña la que preparaba algo o era una organización en su conjunto. Además tampoco teníamos conocimiento de si, en el caso de organizar algo, nos iban a dar una pequeña ayuda económica o no para la realización de ese algo.

Corrían Los Felices Años 10 y ninguno queríamos ir a esa reunión, aunque también es cierto que la mayoría no podía asistir al acto. Aunque nuestra opinión de la propuesta era algo de lo que sí estábamos de acuerdo la mayoría: negativa a organizar nosotros algo y sí a los perros. Pero claro, esta opinión sólo reflejaba una peña y en teoría tenían que tomar la decisión la totalidad de las peñas... Pero nuestra idea era clara por varios motivos:
1) No queríamos pringar organizando algo de lo que seguramente traería más problemas y dolores de cabeza que el no hacer nada (pensarlo, plantearlo, decidirlo, ponerlo en marcha, supervisar la actividad y recogerlo).
2) Llevábamos más de medio año esperando usar el ahuyentador de perros, que para algo lo teníamos y el mejor lugar era esa concentración de canes que todos los años hacían lo mismo, aunque cada año conservábamos la esperanza que el animal fallase y le obsequiase algún mordisco al entrenador (sí, los instintos humanos son perversos y crueles)
3) Estando los perros, si te apetecía ir a verlos ibas, sino con pasar del tema estaba solucionado.

Pero como digo, a falta de 6 días para la reunión no teníamos planeado ir, así que nuestro voto quedaría silenciado por la eternidad, porque no creo que los mandatarios leyesen el blog y si lo hacían dudo mucho que lo tuviesen en cuenta... Total, no sería la primera vez que nos la jugarían, ya que el año anterior, el último de la década sin nombre, nos apuntamos al Primer Torneo de Bolos Castellanos y no nos valieron ni avisar de que tarde se celebraría el juego y casualmente la decisión de la fecha fue determinada por una minoría (no por la mayoría como es lógico).

Así que en los Felices Años 10 pasábamos de las órdenes de mandatarios y celebrábamos la fiesta como más nos gustaba hacerlo, pasando de todo y de todos... Así que en esos años tan sólo dejábamos muestra de nuestra opinión con un sencillo "qué les den".